Lo que se vivió en Múnich no fue una final, fue una exhibición de fútbol total. El Paris Saint-Germain no solo ganó su primera Champions League, sino que aplastó al Inter con un contundente 5-0 que quedará grabado en los libros de historia del deporte. Lejos de aquel duelo parejo y de estilos opuestos que se palpitaba en la previa, el equipo francés borró de la cancha a los italianos desde el minuto uno. Fue un baile táctico y futbolístico sin precedentes en una instancia decisiva.
El resultado es escandaloso, pero el desarrollo del juego lo fue aún más. Luis Enrique, que ahora ostenta un récord perfecto de 11 finales ganadas sobre 11 disputadas, le quemó los papeles a Simone Inzaghi. La rigidez estructural del Inter se desmoronó como un castillo de naipes ante la rotación permanente y la ausencia de posiciones fijas de los parisinos. Los tres centrales nerazzurros jugaron sin referencias, perdidos, mientras el mediocampo francés los pasaba por arriba.
La orquesta de Luis Enrique y la pesadilla de Lautaro
El técnico español tenía razón cuando avisó que, sin Kylian Mbappé, serían un mejor equipo. Cumplió con su promesa de tener “el control de todo”. Armó una máquina que presiona, asfixia y juega al fútbol de salón. La superioridad fue tal que el primer gol llegó con Achraf Hakimi, un lateral derecho, empujándola solo debajo del arco a los 12 minutos. Para los 20, con el primero de Désiré Doué, el partido ya estaba 2-0 y la sensación era que el Inter pedía la hora para reorganizarse en el vestuario.
Pero el descanso no sirvió de nada. En el complemento, el PSG encontró más espacios y se hizo un festín. Cayeron los goles de Kvaratskhelia, el segundo de Doué y el de Mayulu sobre el final para decorar el 5-0. Fue tan pobre lo de los tanos que Lautaro Martínez, el capitán y figura, terminó el partido sin patear al arco. El “Toro” fue una víctima más del sistema, aislado y viendo cómo sus compañeros eran superados una y otra vez. Su cara al final no era de dolor, sino de incredulidad total.
Vitinha, el eje del campeón y el deseo de la Casa Blanca
En medio de esa sinfonía francesa, hubo un director de orquesta: Vitinha. El portugués se adueñó de la mitad de la cancha, manejando los tiempos y demostrando por qué es uno de los pilares de este proyecto. Y semejante actuación no pasó desapercibida en la capital española.
Curiosamente, la consagración del PSG coincide con un cambio de aire en los despachos. La reciente decisión del Real Madrid de bajarse del proyecto de la Superliga podría tener repercusiones directas en el mercado de pases, facilitando un acercamiento por el mediocampista luso. Según trascendió, el gesto del club merengue ha servido para descongelar las relaciones con el PSG, que habían quedado muy tensas tras la novela interminable de Mbappé.
Un nuevo escenario político
Nasser Al-Khelaifi, empoderado en la ECA (Asociación de Clubes Europeos), y Florentino Pérez parecen haber encontrado un terreno de diálogo más ameno. Este clima de cooperación, impensado hace unos meses, es el que ilusiona a Madrid con la posibilidad de tentar a Vitinha.
Sin embargo, en el Bernabéu saben que no será una operación sencilla. Aunque circularon rumores sobre una cláusula de salida cercana a los 100 millones de euros, desde el entorno del PSG se encargaron de desmentirlo categóricamente. Vitinha tiene contrato hasta 2029 y es intocable para los dueños qataríes, que no tienen ninguna necesidad de vender. Aún así, el Real Madrid confía en que el peso de su historia y la vidriera del Santiago Bernabéu puedan seducir incluso a los jugadores más asentados, sobre todo después de ver cómo se mueven las fichas en el tablero político del fútbol europeo.
Más historias
El arte de la papa: del clásico español a la tecnología moderna
El fin de una era en Facebook: la plataforma redefine su privacidad y su presencia en la web
El Mes de la Historia Familiar: Descubriendo Raíces Argentinas en el Corazón de Florida